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Cuidado con las relaciones online

Las relaciones a distancia son una realidad incuestionable. El hecho de que nos podamos comunicar con tanta facilidad con alguien que vive a miles de kilómetros lo ha hecho posible. Los bajos precios de las tarifas de telefonía e internet y el uso generalizado de las videoconferencias han mejorado las relaciones a distancia, haciéndolas un poco más “presenciales”.

En el caso de parejas consolidadas, que tienen que separarse durante una temporada, a causa de trabajo o estudios, se ha facilitado enormemente la continuidad de la relación, con todos los sistemas y recursos que cada pareja pacta y adopta: fijar horarios de llamadas, hacer actividades “juntos” como ver su serie favorita, tener confianza absoluta en el otro, libertad para seguir haciendo vida social y ocio de calidad y, sobretodo, programar frecuentes encuentros físicos reales.

Otro caso completamente distinto es conocer a alguien por internet. Las redes sociales y la rapidez en las telecomunicaciones han propiciado que puedas darle un like a una foto en Instagram de alguien que vive en otro continente, que esta persona te responda y que empiece una relación.

Lo típico es conocer a personas, a través de una aplicación, con el fin de tener relaciones de amistad, pareja, sexo…Y el siguiente paso, después de unos cuantos mensajes interesantes, es programar un encuentro real.

La recomendación general sería que no hay que comprometerse en una relación sin antes haberse visto en persona. Se puede mantener el contacto, un proyecto juntos, pero en ningún caso dejar de ver a otras personas, ni dejar de buscar otras alternativas, puesto que todavía no se conoce realmente al otro. La siguiente recomendación: programar el encuentro físico lo antes posible. Y si no puede ser, hay que dejar claro que no hay compromiso.

¿CUÁLES SON LAS DIFERENCIAS ENTRE CONOCER A ALGUIEN A TRAVÉS DE UNA PANTALLA O VERLE EN PERSONA?

Dicen los expertos que la comunicación no verbal ocupa el 80% de la comunicación. Y tan sólo el 20% correspondería a la comunicación verbal, es decir a lo que decimos. Así, el 80% se reparte entre aspectos vocales (la voz, el tono, el volumen, las pausas) y los aspectos no verbales (nuestra postura, cómo nos movemos, los gestos). Todo esto es muy difícil de valorar a distancia, viéndose sólo a través de una pantalla.

Habría que añadir otros detalles importantes: ¿cómo me siento a su lado? ¿cómo me veo a su lado? ¿Es realmente como en las fotos? ¿Lo que he visto en la pantalla ha sido suficiente? ¿Cómo huele? ¿Me gusta cómo viste? ¿Es demasiado callado/a o demasiado hablador/a? ¿Es una persona atenta y generosa? ¿Cómo se comporta si hay otras personas delante?

Y si no se tiene en cuenta todo esto, porque se desconoce, se van dando casos en los que la gente se compromete, guarda fidelidad, se hace ilusiones, pero va retrasando el encuentro por falta de oportunidad de viajar, por miedo al fracaso o por cualquier otra razón. Y después, la decepción es enorme.

Veamos algunos ejemplos:

“En la primera cita, fuimos a un restaurante y él se paso un buen rato leyendo un periódico que había allí”. Este tipo de actitudes no se puede captar ni por chat, ni por videoconferencia. Hasta que no te plantas en entornos variados no las ves.

“Cuando nos vimos en persona, no era el mismo que yo tenía en mi cabeza. Yo estaba enamorada de lo que teníamos por Whatsapp”. Esto sucedió después de 4 meses de chatear, a pesar de vivir en la misma ciudad. Un caso más de haber tardado demasiado entre el “flechazo” virtual y el encuentro real. A una de las personas le había dado tiempo a rellenar todos los datos que faltaban, y los fue elaborando a su gusto. Pobre! Qué culpa tenía el otro de no ser como tú te habías imaginado…

“Pasamos el confinamiento con continuas videoconferencias, vimos películas juntos, cocinamos juntos, nos despertábamos con la pantalla al lado para vernos. Después de 3 meses de intensa relación virtual, fui a su casa durante una semana. Resultó que, lo que era un chico atento con su madre, pasó a ser alguien que la llama 3 veces al día para consultarle todo. Durante los días en que estuvimos juntos no pudo dejar sus rutinas de gimnasia o bicicleta diarias, mientras yo me quedaba sola en su apartamento esperándole”.

Otros casos más graves están sucediendo en adolescentes que han sufrido bullying en el instituto. Lo han pasado francamente mal en las relaciones normales y encuentran refugio y consuelo en las relaciones virtuales. Me atrevería a decir que cuanto más lejos viva la otra persona, mejor. Ya que las posibilidades de conocerse algún día son ínfimas. Así se atenúa el miedo a volver a sufrir, a volver a ser rechazado. “Tengo novio desde hace 2 años, es de Singapur. Todavía no nos hemos visto en persona”, chica de 17 años.

La conclusión es clara: las citas online facilitan la vida a los que no tienen tiempo para buscar pareja. Pero, para evitar decepciones grandes, tengamos en cuenta que lo se ve en la pantalla es sólo una parte.

Elena García Gómez 

Psicóloga     

10/9/2020

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